Svetlana Khorkina

Hay deportistas que tienen un tacto diferente, una manera sobrenatural de sentir y ejecutar cada movimiento. Es asombroso como cierta gente parece tocada directamente por alguien superior para meter canastas, golpes, goles, tantos, puntos, pelotas, o para hacer algunos ejercicios. No sólo la profesionalidad, si no también la clase. Mientras otros empujan, ellos fluyen. Son esas personas que en lugar de participar de chándal, mallas o pantalones cortos, deberían de hacerlo en esmoquin.

Podría hacerlo otra vez sin ningún esfuerzo, levantarme a la hora que sea para ver su pelo perfectamente enlacado, su cara de concentración con esa mirada fría, esa piel blanca, y esa sensación de tenerlo todo bajo control.

Mientras yo me saco las legañas de los ojos, ella se esparce la harina por las manos. Podría ser 1996, el 2000 o incluso el 2004, pero nunca llegué a cansarme de verla competir en las olimpiadas, en cualquier aparato. Svetlana Khorkina era el Zar, o la reina de las paralelas, como la llamaban. Cada vez que salía el pabellón enmudecía observándola. La multitud se preguntaba como una chica tan alta podía hacer esas cosas sobre una barra de diez centímetros, parecía la madre del resto de participantes que no llegaban al metro y medio. Ninguna gimnasta ha lucido como ella y ninguna tiene tantos elementos reconocidos. Ahí estaba yo, sin ser ningún apasionado de este deporte gozaba viéndola a ella. De pronto, la gimnasia era más interesante que cualquier otra cosa que pasase en el mundo, durante esos 40 segundos por aparato yo también era ruso. Cuando el resto aparecían sólo pensaba en que se cayesen y en volver a verla a ella, las comparaciones eran odiosas, parecían pequeños juguetes mecanizados y brutalmente entrenados. Seguramente ella también lo fuese, pero su porte y sentimiento me decían equivocadamente que ella era su propia entrenadora.

Ahí aprendí que era mayor para ciertos deportes, aprendí que ir a una olimpiada y hacer todas esas cosas son muchas horas de entrenamiento y soledad. Aprendí que mucha gente tiene que renunciar a su infancia y juventud por hacer esas piruetas y conseguir esos logros. Y por eso la adoraba aún más.

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3 comentarios to “Svetlana Khorkina”

  1. Dana Andrews Says:

    Espectaculares videos y espectacular forma de presentarlos. En vez de practicar una modalidad de deporte parece que esté bailando. He llegado hasta aquí de rebote pero me alegro. Me gustan tus relatos.

  2. 39escalones Says:

    Impresionante muestra de esa, a veces callada, armonía que presenta la naturaleza en cada rincón.
    Saludos.

  3. belquis Says:

    Hola, me encanta el reportaje, yo también pienso igual, no ha habido gimnasta como Khorkina; Comanecci es buena, pero Sveta parecia un hada en cada aparato, parecia no costarle ningún trabajo realizar sus ejercicios, no tenía competencia, sus únicos rivales fueron los jueces. Me gusta venir a internet para ver sus videos de gimnasia, ninguna rutina de barras desiguales como las de ella.

    ATT: Belquis

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