14 de marzo

Había sobrevivido. Eran las 13:27 del catorce de marzo y tenía oficialmente cuarenta y un años. Había pasado lo que sus padres le habían enseñado que sería el ecuador de su vida y se encontraba solo, en la cocina de su piso individual soplando dos velas rojas que había comprado en el todo a cien: un cuatro y un uno, colocadas en un pastel que también se comería el solo.

Ese día decidió hacer algo diferente, al fin y al cabo toda su vida había transcurrido de una manera plana y mecánica desde los veintitrés años. Ni un sobresalto. Ni una emoción y casi sin saberlo ni el mismo, ni una sonrisa verdadera, ni un abrazo. Se calzó sus pantalones de pana verde oliva, la chaqueta de punto color burdeos, se abrochó los botones, se calzó esos zapatos negros que habían sido de su padre, cogió las llaves del coche y salió del garaje. Siempre había querido vivir en la playa y las pocas veces que había pensado sobre las cosas que habían influido en el transcurso de su vida, tenía la seguridad de que lo único que podría haber cambiado su soledad actual era haber tenido valor para contradecir lo que pensaban en su casa y haberse ido a vivir a la playa. Mientras conducía, apartó del salpicadero antiguos papeles ya amarillos, reconoció sus anotaciones rápidas y algún dibujo que ahora no servían para nada, pero recordó el gran alivió que significó que estuvieran ahí en su momento.

Entró en la playa con los calcetines y los zapatos en la mano, se sentó vestido pero descalzo. Empezó a escribir sobre la arena mojada, mirando al mar, mientras las ínfimas piedras del suelo húmedo se pegaban a sus pantalones. Paseaban algunos señores y algunas familias con perros a lo lejos. Casi nadie quería ir a la playa en marzo. Mientras dibujaba se acordaba de lo que le gustaba la playa cuando era niño, de lo bien que se lo pasaba haciendo castillos en la arena mientras los otros buceaban y de lo tarde que aprendió a nadar por el miedo que le daba el agua. Cuando empezó a llover, la playa se quedó vacía y al poco tiempo decidió marcharse. Llegó a la orilla y casi sin limpiarse se calzó y subió a su coche, la lluvia se iba haciendo más intensa a medida que se alejaba de la playa y él todavía sentía sus pies ásperos por la arena, esa sucia sensación. Mientras conducía se quedó pensando mirando de manera hipnótica como las gotas caían contra el cristal de su coche, y como los limpiaparabrisas cumplían con su función de manera mecánica; era lo único que alteraba la visión de de la línea continua que iba por su izquierda, metro tras metro, plana y mecánica.

Cuando vio el camión era demasiado tarde para esquivarlo y volver a la carretera. Murió contra el poste de hormigón que había a su derecha, eran las 19:37 del catorce de marzo.

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Una respuesta to “14 de marzo”

  1. 39escalones Says:

    Triste, pesimista, desconsolado. Efectos secundarios de la soledad.

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